martes, 20 de abril de 2021

APUNTES SOBRE LO NUMINOSO (1)

Desde su mismo origen, la literatura –como su ilustre abuela, la cosmogonía– se propuso extraer el sentido de la realidad. O al menos contactar al NUMEN (“experiencia no-racional y no-sensorial o un presentimiento cuyo centro principal e inmediato está fuera de la identidad”, tal como lo define Rudolf Otto, en sus Ensayos sobre lo numinoso).


Las pinturas de Ernesto Sábato son una fuente perturbadora de energía numinosa. Rostros que emergen de un abismo de horror convertidos en monstruos, deformados pero también iluminados por lo que alcanzaron a ver en las espantosas profundidades.

El NUMEN es el punto de enlace entre lo cotidiano y el misterio. Es lo indecible mismo. Lo real, según Jacques Lacan. Lo numinoso empieza como presentimiento de un orden de realidad más espeso, más hondo, más “otro”, más atemporal, que el de la mera sucesión vital. Nos ocurre, a veces, después de una lectura, una audición musical, una conversación, un instante de introspección, un paseo nocturno por la playa, o atravesando un silencioso callejón, o recorriendo una iglesia, sentir que todos los milenios de la historia y la prehistoria, se funden con los milenios del futuro y del remoto futuro; esa fusión no nos da necesariamente una imagen, pero sí una vibración –aunque esta vibración puede estar mediada por una imagen. Lo numinoso vibra porque sacude lo temporal y mortal en nosotros, proyectándonos a una esfera solo reservada a los dioses, y no a cualesquier dioses, no.  En esa esfera, el tiempo cesa en su linealidad y se transforma en un remolino.


La COSMOGÉNESIS (primer tomo de La doctrina secreta), de H. P. Blavatsky, una fotocopia que realicé en Valparaíso, a fines del siglo pasado, a partir del original de mi amigo Leonard Chellew, y que he mantenido conmigo, erizada de subrayados y dibujos. En esta fotocopia anillada nace para mí la fascinación por la estética del pensamiento cosmogónico, la poesía de lo numinoso.

El contacto con el NUMEN es siempre indirecto, y su captación requiere haber entrenado el cerebro para ello. Como si cultiváramos una suerte de “espacio” inodoro, insonoro que, de repente, se pone a temblar, llenándose progresivamente de líquenes, murallas, frescos, estatuas, restos de civilizaciones perdidas en la noche de los tiempos, donde la agujereada sucesión se completa con el néctar de nuestros sueños y anhelos. Es función de la imaginación propiamente dicha, como agente psíquico que completa lo que la historia o la naturaleza van dejando sin explicar, lo a medias creado o lo a medias conservado, cazar el NUMEN. Y luego, cosecharlo.

            Lo numinoso posee también una delicadeza, una nobleza en su manifestación, que es justamente lo que produce gozo estético además de estremecimiento. Pone a prueba nuestra humanidad, forzando los goznes de sus reservorios desconocidos.


En sus fundamentales Ensayos sobre lo numinoso, el teólogo alemán Rudolf Otto distingue entre la experiencia del lumen (lo luminoso), omen (lo ominoso) y numen (lo numinoso). De las tres, la experiencia de lo numinoso es la única que rebasa la razón y el lenguaje.

Lovecraft rozó lo numinoso mediante descripciones de ciudades ciclópeas que sugieren la presencia de razas muy adelantadas a la nuestra, y que podrían destruirnos si despertaran; Alan Moore, al entender los puntos de quiebre de la cultura en su encontronazo con la magia; William Hodgson, en sus narraciones de puros paisajes imposibles cargados de una corrosiva melancolía; H. P. Blavatsky, al capturar y sistematizar las excepciones de lo humano sin imponerse límites ni prejuicios de ninguna índole; P. D. Ouspensky, al entender la oscura ciencia del tiempo y la percepción de lo que está más allá del tiempo; William Blake, al desarrollar un nuevo arte de inventar dioses; Carl Gustav Jung, al encontrar la lógica oculta en los sueños y al estudiar al hombre como personaje o mero apéndice de sus propios sueños; Miguel Serrano, al conectar la poesía cosmogónica órfica con la gnosis del primer Cristianismo; y P. K: Dick, al conectar las cosmogonías más delirantes con la nomenclatura científica y la filosofía del cerebro.

Carlos Lloró, abril, 2021



domingo, 18 de abril de 2021

 DOS FOTOGRAMAS DE "EL HORROR DE DRÁCULA"                                       (Terence Fisher, 1958)

 La imposibilidad de acceder a los títulos de los libros (¡ni siquiera a uno!) de la gran biblioteca de Drácula, en la película de Terence Fisher, ha herido mi imaginación desde niño. ¿Qué libros contendría la misteriosa colección de Drácula? Sobre ello conversé con Jaime Córdova en la primera parte de nuestro libro La biblioteca del conde Drácula y otros diálogos acerca de lo fantástico:


"–Otro tema que me interesa es el de la biblioteca de Drácula. En tu libro Hammer Film: otra mirada hacia el horror, se dice que “Jonathan Harker es contratado por el conde Drácula para que se haga cargo de su biblioteca. Lo que no sabe el vampiro es que Harker quiere destruirlo, y el trabajo de bibliotecario es una mera treta.” Hay dos planos, en la película El Horror de Drácula, donde se muestra la biblioteca del conde. Y en la novela de Stoker, se habla de los libros que Drácula tenía a mano, y todos tenían que ver con su preparación para el viaje a Inglaterra. Dice: “un vasto número de libros en inglés, estantes enteros llenos de ellos, y volúmenes de periódicos y revistas encuadernados. Una mesa en el centro estaba llena de revistas y periódicos ingleses, aunque ninguno de ellos era de fecha muy reciente. Los libros eran de las más variadas clases: historia, geografía, política, economía política, botánica, biología, derecho, y todos refiriéndose a Inglaterra y a la vida y costumbres inglesas.” Imaginemos que se nos da la posibilidad de entrar a la biblioteca de Drácula. Y en la biblioteca del Señor de los Inmortales, del Vampiro Mayor, debe de haber libros clave, ¿no?, que están ahí desde hace cientos de años. Imaginemos algunos títulos. O algunos temas. ¿Qué se te ocurre? ¿Qué libros te gustaría encontrar si llegaras a entrar en esa biblioteca?

–Me remito al texto mencionado en El nombre de la rosa: la Comedia de Aristóteles –los libros perdidos de la Comedia–; muchos incunables, muchos pergaminos, probablemente parte del archivo de alguna abadía que proveyó a Drácula de ciertos textos, o de originales que fueron desechados y que fueron a parar ahí. Probablemente los textos más maravillosos, los más anhelados, los más ansiados, los nunca encontrados... los Cantares de Gesta que mandó a recopilar Carlomagno, por ahí por el año 800. Todos esos poemas medievales compilados, de los caballeros alemanes, franceses....


Antes y después de que Peter Cushing desgarre las cortinas de la biblioteca en una proeza atlética que provocará la extinción temporal (siempre temporal) del Vampiro Mayor, incapaz de soportar la luz solar (lo que para unos es vida... )


 

Bienvenidas y bienvenidos a "La biblioteca del conde Drácula", título de un libro de conversaciones acerca de lo fantástico, publicado por Ediciones Nagauros (Temuco, Chile, 2021). En este blog contaremos detalles acerca de la génesis del libro, su contenido, los extraños seres que a él concurren, y además continuaremos generando contenido en la misma línea, realizando visitas a la numinosa biblioteca del Conde, en busca de los archivos más extraños y espeluznantes. 



Nuevas incursiones

EL SÍNTOMA DE LO FANTÁSTICO (HOMENAJE A SERGIO MEIER) (PARTE 1)

  (Este ensayo es el primer texto del libro "El síntoma de lo fantástico", de Carlos Lloró) Por ahí se dice que “el síntoma es una...