Con Sergio Meier hablamos de libros infinitos, de la poética del infinito, y de libros que no terminan. Coincidíamos en que la infinitud, ese "no terminar" de los libros que nos importaban, no aludía necesariamente a cantidad de páginas, sino a cierta "resina" desprendida de los libros mismos, de su aura inatrapable, del hechizo que provocan en una psiquis despierta y atenta.
El libro infinito al que me quiero referir aquí se titula SPLENDOR. Su autor, el peruano Enrique Verástegui, fue un verdadero monstrorum artifex, un alucinado e iluminado creador de universos que celebran, en última instancia, el encantamiento del propio escritor con el ejercicio libre y desalmado de la escritura.